JyE – IV-3 –  Sobre cómo se advierte la conveniencia de la especialización y la diversificación plural.

JUSTICIA Y ECONOMÍA. HAYEK Y LA ESCUELA DE SALAMANCA

3.-     Sobre cómo se advierte la conveniencia de la especialización y la diversificación plural.

 

Con aquel aire de universalidad que imprimían habitualmente a sus razonamientos y conclusiones se refieren así  a la hora de explicar las diferencias enormes en algunos casos respecto a la dotación de los recursos productivos y a su productividad para solventar las necesidades de las gentes:

Concurrió también a esta nueva invención de negociar, que andando el tiempo, especialmente después del diluvio general, que se comenzó a poblar de nuevo esta máquina mundial, había provincias y reinos estériles, y faltos de todo un género, bastimentos o ropa. Que en unas partes no se daban olivas, o viñas, seda, o grana: en partes no había ganado alguno, vacuno, ni ovejuno, como aun el día de hoy vemos faltas muchas provincias después de tanta industria, diligencia, y trabajo, como se habrá puesto para que lo haya, y no ha aprovechado: y perseveran faltas de muchas cosas necesarias[252].

Para solventar aquella penuria de unas u otras cosas aquí o allí, descubrieron nuestros autores lo importante que fue a lo largo de la historia la especialización en tareas más eficaces a las condiciones de los recursos:

 Conforme a esto vemos que en las Indias Occidentales, después que los Españoles alcanzaron, y poseen con quietud el señorío, y jurisdicción sobre los naturales, tienen comúnmente uno de dos tratos: que o son mineros, o mercaderes, o se dan a sacar oro y plata; o a llevar y vender la ropa, que va de España. Porque todo aquel imperio es fertilisimo destos ricos y preciados metales, y estéril y falto (a lo menos hasta agora) casi de todo lo que es menester para una vida política y algo regalada. Que ni hay paños finos ni sedas, ni lienzo, ni vino, ni aceite: sin lo cual no se pasa, ni puede pasar bien la gente, en especial la española criada en tanta abundancia de todo. Por esto los hombres, que moran en aquellas partes, o se dan a esquilmar la tierra destos tesoros, que engendra y produce en gran cantidad: o a proveerla y henchirla destas mercaderías, de que tiene tanta necesidad. Porque para lo uno y lo otro hallan en su disposición, oportunidad y favor.[253]

 Efectivamente, en todos y cada uno de los sectores de actividad productiva que sirve a las necesidades y deseos humanos, la especialización y diversificación hacen posible que la variedad de productos para satisfacer una misma necesidad general se incremente cada vez más haciendo lotes de bienes y servicios cada vez más diversificados y personificados con la originalidad en cuerpo y espíritu de cada persona humana. Ese profundizar cada vez más en una u otra dirección hace que la riqueza inmensa encerrada en cada porción de la realidad sea descubierta y activada en orden a la satisfacción y cumplimiento cada vez más sofisticado de cada preferencia de los hombres en cada una de las etapas de su desarrollo espiritual y corporal.

Y así,  para terminar de resaltar la conveniencia de la especialización en lo que pueda resultar más productivo según las características diferentes y diferenciadoras de los recursos –también y especialmente de los recursos humanos- destacando por lo tanto la teoría de la ventaja absoluta e insinuando la que después plasmó Ricardo en el comercio internacional con la teoría de la ventaja comparativa, se nos dice:

 La experiencia es buen testigo, de lo que afirma el Filósofo en sus Políticas: que comúnmente se aplica el hombre a ganar de comer en aquello, a que su patria o república es más aparejada. Porque como incurrimos por el pecado en esta pena, que nos sustentasemos con el sudor de nuestro rostro, cultivando la tierra: así ninguna negociación hay, ni granjería tan ahidalgada, y caballerosa, que no dependa de la tierra, o tenga alguna consideración con ella. De aquí es, que en unas partes los más son labradores, en otras pastores, en otras estudiantes, en otras soldados, según que la disposición de la tierra es más favorable a alguno destos intentos y fines. Porque hay ciudades, provincias y reinos, cuyo suelo y territorio, es muy aparejado para viñas, o para olivas, o pan: otras muy cercadas y cercanas a sus enemigos, combatidas y molestadas dellos: otras faltas, y necesitadas de ropa, y mercaderías. Con lo cual por la mayor parte se conforma el intento y designio de los vecinos, siguiendo en su vivienda aquello, en que ven su cielo, y tierra les puede más ayudar[254].

 Si todo eso se decía en el siglo XVI (e incluso más porque Juan de Mariana también atisba claramente en relación con la división del trabajo la división del conocimiento[255] tan bien explicada por Hayek[256]), qué se tendría que decir ahora con tantos y tan variados productos y tantos y tan variados servicios al alcance de millones y millones de personas de todas los extractos sociales. La fecundidad y productividad especializada  del mercado[257] se ha expandido más y más enriqueciendo a oleadas de generaciones[258] antes empobrecidas si las midiésemos con los parámetros actuales. Para cumplimentar cada perentoriedad aparece un abanico de bienes o servicios cada vez más personalizado y circunstanciado también en espacio y tiempo. En cada compraventa se enfrentan en realidad –coordinándose- no una, sino dos demandas y dos ofertas. No se puede por eso hablar de una función de demanda con sólo dos variables porque al ser dos demandas confluyentes influyen muchas otras variables. La variedad de demandas concurrentes en todos los ámbitos y la diversificación especializada hacen que se multipliquen asimétricamente los intercambios crecientes[259]. Y la globalización[260] aumenta las probabilidades de conseguir lo querido y de casar tantas ofertas y demandas.

Con la especialización -consecuencia de la riqueza de la variedad de los recursos materiales, humanos e inmateriales, así como de la clarificación y defensa de la propiedad que hace posible el trueque y el intercambio comercial- hemos llegado a uno de los puntos fuertes de la teoría de la evolución espontánea hayekiana que él explicó y engrandeció magistralmente  universalizándola. En ella  se explican también los flujos migratorios y el mestizaje que hoy caracterizan la economía y la demografía mundial y que en Hayek están entrelazadas como lo hizo Malthus[261], si bien dando un giro de 180 grados a las explicaciones y conclusiones malthusianas[262]:

¿Cuáles pudieron ser las prácticas que facilitaron estos nuevos esquemas y la aparición, no sólo de una nueva manera de concebir la realidad, sino hasta de una especie de “internacionalización” (término que, desde luego, empleo anacrónicamente) de los estilos, las técnicas y las actitudes? Incluirían, ciertamente, la hospitalidad, así como el salvoconducto y seguridad personal del extranjero (véase el epígrafe siguiente). Los vagamente definidos territorios de la tribu hallaríanse desde tiempos muy remotos entrelazados por las relaciones comerciales establecidas entre individuos que se  aventuraban a asumir esas nuevas prácticas, lo que daría lugar, a la larga, a la aparición de los contactos mercantiles que, a grandes distancias, transmitirían una especie de “micro-elementos” propiciadores del comercio. Todo ello permitió la aparición de la civilización sedentaria en nuevos lugares y, consiguientemente, de la especialización, procesos que culminarían finalmente en las expansiones demográficas. Se inició, pues, una especie de reacción en cadena en virtud de la cual la incrementada densidad poblacional facilitaba el descubrimiento de nuevas oportunidades de especialización, lo que permitía una ulterior expansión de la división del trabajo, impulsora a su vez de nuevos aumentos de población[263] y mayores niveles de vida y, por ende, de nuevos incrementos demográficos[264], y así sucesivamente.[265]

 Hayek, además, estaba admirado de la generalización que hizo su maestro Mises a toda acción humana inteligente de aquella teoría de la ventaja comparativa atribuida a Ricardo, y así, en uno de sus ensayos sobre Ludwig von Mises (1881-1973)[266], señala y destaca –como un ejemplo más de las afortunadas y acertadas generalizaciones a las que conduce la aplicación de una filosofía específica más certeramente ajustada a la realidad- el interesante tratamiento de la ley de los costes comparativos que, si bien en principio es aplicada por Ricardo y por el resto de la doctrina al comercio internacional, Mises amplía su aplicación denominándola “ley de asociación de Ricardo”. La ley de los costes comparativos es considerada por Mises como “un caso particular de la más universal ley de asociación”, que es el principio general que demuestra cómo “la división del trabajo produce beneficios a todos los que participan en ella”, incluso cuando un participante tiene menores recursos o capacidades que los otros.  Así, Mises, por ejemplo, utiliza el ejemplo del cirujano que contrata un ayudante menos cualificado para limpiar su instrumental[267]. Es este un ejemplo más –como también señala Hayek-  de la visión universalista de Mises en su obra donde de nuevo reaparece –con afirmaciones en otros campos más o menos controvertidos- una teoría de las acciones humanas de la que la teoría económica es una parte concreta.[268]

Esa ley universal de asociación explicada por Mises y Hayek la enseñó también Balmes maravillosamente bien. Como cuando explica la especialización y formación profesional en aquello que cada uno es más apañado y más efectivo, en definitiva, más productivo:

 Cada cual ha de dedicarse a la profesión para la que se siente con más aptitud. Juzgo de mucha importancia esta regla y abrigo la profunda convicción de que a su olvido se debe el que no hayan adelantado mucho más las ciencias y las artes. La palabra talento expresa para algunos una capacidad absoluta creyendo, equivocadamente, que quien está dotado de felices disposiciones para una cosa lo estará igualmente para todas. (…)

 Podría escribirse una obra de los talentos comparados, manifestando las profundas diferencias que median aun entre los más extraordinarios. Pero la experiencia de cada día nos manifiesta esta verdad de una manera palpable. Hombres oímos que discurren y obran sobre una materia con acierto admirable, al paso que en otra se muestran muy vulgares y hasta torpes y desatentados. Pocos serán los que alcancen una capacidad igual para todo, y tal vez pudiéramos afirmar que nadie, pues la observación enseña que hay disposiciones que se embarazan y se dañan recíprocamente. Quien tiene el talento generalizador no es fácil que posea el de la exactitud minuciosa; el poeta, que vive de inspiraciones bellas y sublimes, no se avendrá sin trabajo con la acompasada regularidad de los estudios geométricos[269].

Esa especialización que consiste en  dedicar cada recurso a los usos y a las funciones para las que son más apropiados y  más productivos es una manera inteligente para el mejor servir a los demás, a los clientes potenciales  y a la entera sociedad. Adelantándose a Ricardo y Adam Smith descubren que aquella institución -derivada de la naturaleza humana y de cómo estaban hechas las cosas- trabajaba en pro de la justicia, de la mejor justicia para todos, ya que era un desbordarse de la justicia que se vuelca en los demás aprovechando lo mejor de cada uno.  La justicia conmutativa  se convertía así en una institución cuyo respeto producía efectos de suma exponencialmente positiva.

 En este sentido, resumiendo lo dicho hasta ahora, vale la pena recoger las siguientes afirmaciones de Mises respecto a la especialización y la división del trabajo para la ayuda mutua así como algunos de sus peligros: El daño que las guerras civiles o internacionales causan al progreso de la comunidad humana resulta evidente en cuanto advertimos las ventajas que la división del trabajo lleva consigo aparejadas. Gracias a ésta, el individuo autosuficiente se transforma en el “animal social” de que hablara Aristóteles. La hostilidad entre las bestias o entre salvajes, que no actúan comunitariamente, poco afecta a la base económica de su modo de vivir. Pero las cosas cambian cuando la discordia surge entre gentes que actúan bajo un régimen de división social del trabajo, pues en este caso todo el mundo trabaja de forma especializada; nadie vive de modo autónomo e independiente; es preciso el recíproco auxilio y apoyo. [270]

Y si el haber sido capaz de captar hace cuatro siglos las teorías de la ventaja absoluta -y especialmente la teoría de la ventaja comparativa- es ya un éxito intelectual de notable envergadura, lo que ya resulta asombroso es que captase de alguna forma aquella pieza clave también en la teoría austriaca de la mayor productividad del alargamiento de los procesos productivos[271] y de negociación. Porque –aunque directamente se está refiriendo al dinero- se puede atisbar una cierta intuición de ese principio clave cuando se nos dice por ejemplo: Trocaban y truecan gallinas por mantas, maíz por frijoles, cueros por arcos, y así se proveen. Mas a los antiguos (en quien floreció el ingenio, y la policía) la necesidad les compelió a buscar otra negociación más larga, capaz y bastante con que se hubiesen las cosas necesarias con facilidad, hartura, y abundancia[272].

 En este sentido, por ejemplo, valga lo afirmado por Mises, que además de ser, como se ha dicho, mentor intelectual de Hayek, es uno de los más eminentes miembros de la escuela Austriaca: El capitalismo ha aumentado la producción de forma tan impresionante que ha conseguido dotar de medios de vida a una población como nunca se había conocido; pero, nótese bien, ello se consiguió a base de implantar sistemas productivos de una dilación temporal cada vez mayor, lo cual sólo es posible al amparo del cálculo económico. Y el cálculo económico es, precisamente, lo que no puede practicar el orden socialista. Los teóricos del socialismo han querido, infructuosamente, hallar fórmulas para regular económicamente su sistema, prescindiendo del cálculo monetario y de los precios. Pero en tal intento han fracasado lamentablemente.[273]