DETC 1 – El tiempo en la variedad complementaria del dinamismo económico. El principio de incertidumbre.

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El tiempo en la variedad complementaria del dinamismo económico. El principio de incertidumbre.

Todo y todos estamos encadenados al tiempo[1] como decía Emilio Lledó y los teóricos con un  mínimo de sentido científico han observado siempre la enorme relación entre economía[2] y transcurso temporal:

«Llamo estática económica a aquellas partes de la teoría económica en que no nos tomamos la molestia de fechar los acontecimientos; economía dinámica a aquellas partes en que toda cantidad ha de tener una fecha».[3] (…) «El concepto de la economía en que la mayoría nos hemos educado se basaba en la teoría estática, de modo que ahora, cuando nos encontramos con los lineamientos principales de una teoría dinámica[4] y ésta resulta ser muy diferente de la teoría estática, no tenemos más remedio que admitir que nuestra visión de conjunto de las cosas cambia».[5]

 Teniendo en cuenta todo lo explicado hasta ahora en este capítulo y en el anterior es preciso resaltar  que en esa realidad variada y complementaria tan productiva que estamos investigando desde el punto de vista económico, el tiempo y el espacio están completamente integrados[6] con las demás características  de cada una de las realidades de ese inmenso reino mineral, vegetal y animal, todas distintas y todas a la vez concatenadas. De tal forma ello es así que ambas variables –espacio y tiempo[7]– son por naturaleza inseparables de ellas. Esto significa no sólo que cada una de esas realidades singulares tiene valores diferentes según esté en un lugar o  en otro,  o que da lugar a valoraciones diferentes según que se efectúe la valoración  en un  determinado  momento  o  en otro,  sino  que -llevando el razonamiento a su última conclusión lógica- incluso se puede decir que son de hecho bienes económicos diferentes y con valores distintos.

Podemos abstraer el espacio y el tiempo para observar el resto de complementariedades entre los bienes, y de hecho así lo hacemos continuamente en el análisis teórico estático y en el análisis metaespacial. Pero si no abstraemos estas realidades de espacio y tiempo la diversidad complementaria se multiplica enormemente y con ella –como se viene diciendo- la productividad del sistema. Es por ello que para ser auténticamente científicos –ajustados a la realidad- los modelos económicos abstractos –tanto los de equilibrio como los que consideran desequilibrios asimétricos- tienen que tratar de incorporar las variables temporal y espacial si quieren aproximarse en sus predicciones a la verdad real de los valores económicos. Ello implica por ejemplo que en la realidad nunca está presente la famosa condición ceteris paribus. Y así según Menger:

«La idea de causalidad está inseparablemente unida a la del tiempo. Todo proceso de cambio significa un surgir, un hacerse, un devenir, y esto sólo es imaginable en el tiempo. Es también indudable que no podemos comprender a fondo el nexo causal de cada uno de los fenómenos de este proceso si no lo consideramos en el tiempo y según la medida del mismo».[8]

El tiempo por lo tanto no sólo puede considerarse como un recurso productivo, sino que debe hacerse así. Es un factor de producción clave e imprescindible que se encuentra necesariamente presente e incorporado a todo proceso productivo[9]. El tiempo por ejemplo  da lugar a una serie de características económicas en cada uno de los factores de producción que iremos analizando en este y en el siguiente capítulo: Tierra, Trabajo, Capital y Empresarialidad. Así, por poner algún ejemplo a vuelapluma: en la Tierra el suelo es el más estable y duradero en el tiempo; en el Trabajo mejora la experiencia y los conocimientos de los trabajadores, es decir su madurez; en los instrumentos de Capital aparece un deterioro que se debe amortizar; en las materias primas en general siempre  aparece también una obsolescencia más o menos importante según el tipo de materiales que utilicemos. Así: productos perecederos o productos de alta duración que dan lugar a que la conservación, control y gestión de existencias sea distinto. Y por ello en la amortización del capital se debe siempre tener en cuenta esta vida útil de las mercancías y del inmovilizado. En la organización del trabajo del proceso productivo el tiempo ejerce una función homogeneizadora en tanto en cuanto reduce todo a un mismo común denominador permitiendo  el ajuste de tareas y el ensamblaje en un mismo instante del tiempo con puntualidad astronómica. Al igual que en toda economía con intercambio libre y con medio de cambio indirecto todo se puede reducir de alguna forma a una cierta valoración en dinero, todo en economía también se puede reducir a tiempo. De hecho tiempo y dinero están continuamente interrelacionados a través del tipo de interés del dinero[10] a lo largo del tiempo lo que da lugar como veremos con amplitud más adelante a reiterados equilibrios y desequilibrios dinámicos expansivos.

Las investigaciones de Böhm-Bawerk le llevan a considerar el tiempo como otro factor de producción: «Lo mismo que con el valor del tronco del roble ocurre con el de todos los productos que no son solamente fruto del trabajo, sino también del tiempo».[11]

En ese recurso productivo que es el tiempo –piedra angular en todo proceso de producción- conviene sopesar también su escasez[12]. Quizás, como pensamos algunos, el tiempo es en definitiva el recurso más escaso[13]. En este sentido, si recordamos que Shackle definía la Economía como la “ciencia de los negocios”[14] también podemos decir entonces que toda actividad económica consiste en  negociar bien con el tiempo, sacarle el máximo rendimiento. Se trataría de hacer lo mejor en la mayor cantidad y  lo antes posible[15]. Por muy alargada en el tiempo que sea nuestra vida siempre será muy corta para acometer y llevar a término tantos proyectos posibles apetecibles y apreciados.  También será muy corta una vida personal si esos proyectos son intelectuales tratando de profundizar en la verdad de las realidades naturales en las distintas ciencias. Y así mismo se necesita tiempo para estar ojo avizor y alerta para percatarnos así de las distintas innovaciones que pueden ir surgiendo y que de hecho cada día se renuevan en toda la geografía personal mundial generación tras generación.

Y como se ha señalado  anteriormente el valor -en cuanto que es una relación de conveniencia futura a los fines de quienes valoran- mira siempre al futuro[16] desde el presente concreto y circunstancial[17]. Esa continua tarea económica que se realiza necesariamente desde tiempos inmemoriales y que consiste en el  enriquecimiento continuado e innovador de la relación real de conveniencia al hombre de los distintos bienes y servicios requiere tiempo para su consumación. Por ello se debe tener en cuenta para teorizar acertadamente que es consustancial al valor tener una referencia temporal a futuro[18] que Bohm-Bawerk, de nuevo, puso magistralmente en evidencia:

«En nuestro modo de valorar los bienes que poseemos, no cabe duda que nos atenemos al principio de la anticipación de las utilidades del porvenir. No valoramos nuestros bienes o no los valoramos solamente con arreglo a la utilidad que nos reportan en el momento, sino también con arreglo a la que nos reportarán en el porvenir. Atribuimos un valor a una tierra por el momento baldía atendiendo a las cosechas que puede llegar a damos; atribuimos un valor actual a los ladrillos, las vigas, los clavos dispersos, que en este estado no nos reportan utilidad alguna, atendiendo desde ahora a la utilidad que rendirán en el futuro cuando esos elementos se combinen para formar una casa; valoramos el mosto en fermentación, que en este esta­do no podríamos utilizar, porque sabemos que con el tiempo se convertirá en vino. Y del mismo modo podríamos valorar también el vino recién cosechado, del que sabemos que habrá de convertirse en la bodega en un vino excelente, atendiendo a la utilidad futura que está llamado a reportamos como vino hecho»[19].

El tiempo futuro[20] por lo tanto es una realidad a tener en cuenta siempre, especialmente en el ámbito económico y empresarial. Podemos decir entonces que es un bien económico de carácter gratuito al que podemos asignarle un coste de oportunidad y que es un recurso siempre necesario, imprescindible y fructífero cuando se utiliza correctamente. Se convierte en un extraordinario bien con el que nos encontramos y que si bien  se consume continuamente a su vez nos brinda la posibilidad de producir trabajando y de descubrir riqueza de forma creativa e innovadora[21]. No en vano todo «proceso» implica en sí un tiempo[22], y sin proceso no se puede hablar de hecho u objeto producido. Al tiempo –al tiempo de cada uno- se le puede exprimir de forma positiva haciéndole rendir en actividades que pueden ser muy beneficiosas para los nuestros y para los demás, o –dicho mejor al revés- para los demás que repercutirán en beneficio de los nuestros.

El tiempo es medido en términos de valor económico con el concepto de productividad o -mejor sería decir- con el de idoneidad, esto es, como la capacidad de producir riqueza futura, como capacidad de servicio a las necesidades y preferencias de los clientes potenciales. Por ello, en toda la cascada de actividades concatenadas donde se utilizan sucesivamente  materias primas con distinto valor añadido anterior, los bienes primarios e intermedios no tienen valor por su capacidad de satisfacer necesidades presentes, sino porque tienen capacidad de acercamiento complementario a las necesidades humanas que se harán presentes en un futuro[23], cuando el proceso productivo llegue a su fin. Todo proceso productivo no es nunca lineal,  es en realidad más bien una compleja red de expectativas empresariales a futuro que se va materializando en estructuras temporales múltiples.

Partiendo del hecho de que producir lleva tiempo, Israel Kirzner caracteriza un despliegue de la acción orientada a la producción de bienes y servicios que incorpora una estructura secuencial de objetivos para llegar a la producción del bien que finalmente se quiere producir. Cada uno de esos objetivos tiene, en la notación característica de la escuela austriaca, la cualidad de bienes intermedios, cuyo único fin es producir bienes finales. Aquí encontramos una caracterización esencialmente dinámica de los procesos productivos de bienes y servicios, (…) [24]

Toda actividad económica se realiza con perspectiva de futuro y los agentes económicos[25] siempre tratan de estar en tensión para avizorar el futuro. La ciencia económica en sí misma está siempre expectante ante el futuro[26].

«Los bienes de un orden superior piden y afirman su cualidad de bienes no con referencia a necesidades del presente inmediato, sino únicamente respecto a necesidades que, a tenor de las expectativas humanas, sólo aparecerán en unos momentos en los que ya habrá llegado a su fin el proceso de producción». (Menger, Bohm-Bawerk) ib., p. 62.

En la economía hay que crear el futuro, y ello es algo imaginativo e imposible de determinar con el simple empirismo. La realidad futura se crea quijotescamente, no está dada con anterioridad. Por eso no sirven de mucho las estadísticas o la hiperinflación de datos ya ocurridos. Muchas estadísticas son el correlato determinista de modelos estáticos simplistas que contienen en su propio diseño la incapacidad de predicción real. Y ello precisamente por ese no incorporar adecuadamente la variable temporal que siempre provoca incertidumbre. El pasado, de hecho,  nos sirve de poco, sólo de experiencia.

Es por ello y también por todo lo tratado con anterioridad en el presente trabajo que ya podemos afirmar sin temor a equivocarnos que uno de los rasgos nucleares de la compleja actividad económica -que como se ha visto siempre se desarrolla en el tiempo- es la incertidumbre[27] tanto del presente como, desde luego del futuro.

“En general, la mecánica cuántica no predice un único resultado de cada observación. En su lugar, predice un cierto número de resultados posibles y nos da las probabilidades de cada uno de ellos. Es decir, si se realizara la misma medida sobre un gran número de sistemas similares, con las mismas condiciones de partida en cada uno de ellos, se encontraría que el resultado de la medida sería A un cierto número de veces, B otro número diferente de veces, y así sucesivamente. Se podría predecir el número aproximado de veces que se obtendría el resultado A o el B, pero no se podría predecir el resultado específico de una medida concreta. Así pues, la mecánica cuántica introduce un elemento inevitable de incapacidad de predicción, una aleatoriedad en la ciencia.”[28]

No queramos enfrentarnos a los problemas económicos como si estos fuesen cuestiones que se pueden resolver de forma mecánica[29] y determinista[30] aplicando recetas estereotipadas[31] que estarán vigentes siempre. Y ello es así, no sólo porque la Economía es una ciencia humana[32] –como veremos en el capítulo siguiente- en la que interviene decisivamente toda la compleja riqueza unitaria y original de la inteligencia, creatividad y libertad humana, sino también porque respecto a la misma naturaleza[33] inanimada[34] las aparentemente inamovibles leyes de la Física[35] están cambiando notablemente y rige el llamado principio[36] de incertidumbre[37]  que Alberto Miguel Arruti define así:

Se trata de un teorema, que se deduce de los postulados de la Mecánica[38] Cuántica.[39] Tiene consecuencias que sobrepasan a la Física. Es una de las bases de la moderna epistemología o teoría del conocimiento. Fue demostrado por el físico alemán Werner Heisenberg[40] en 1927. Existen unas magnitudes (llamadas canónicamente conjugadas”), como la posición (x) y el momento (p), o la energía y el tiempo, que sólo se pueden determinar simultáneamente con una indeterminación característica (la constante de Planck[41]): ^x.^p->h.

No es posible determinar, de manera absolutamente precisa, las condiciones iniciales de un sistema, con independencia de la estructura de los aparatos de medida, que se utilicen. El propio Heisenberg escribió: “Si conocemos exactamente el presente, podemos predecir el futuro”. Este es el sentido de la ley causal. No se trata de que la conclusión no sea cierta, es la premisa la que es falsa. “No podemos conocer, por cuestiones de principio, el presente en todos sus detalles”.

La relación de incertidumbre entre energía y tiempo se expresa de la siguiente forma: ^Ex^t >- h.

Esta relación tiene un aspecto físico algo diferente del anterior, pues en la Mecánica Cuántica[42] el tiempo es un parámetro externo, en lugar de una variable dinámica. Este principio de incertidumbre viene a decir que si se determina la energía de un sistema cuántico, mediante una medida, que se realiza en un intervalo de tiempo, hay una incertidumbre en esta medida de la energía, que debe satisfacer la relación anterior. Ejemplo: La vida media de un núcleo de uranio 238 es de unos 10 elevado a 9 años, de modo que en este caso hay una incertidumbre en la energía que es de unos 10 elevado a menos 51 julios con lo que la correspondiente incertidumbre en la masa es de unos 10 elevado a menos 68 kilos. (Alberto Miguel Arruti, 2007)

Para acercarnos a la inmensa variedad complementaria -y siempre encadenada al tiempo- es preciso tener en cuenta que toda acción económica –y en definitiva toda acción humana- se proyecta con una estructura temporal siempre diversa donde la incertidumbre es factor omnipresente.

No disponemos de una caracterización absoluta ni de la acción humana ni de lo que supone la proyectividad[43] dentro del despliegue de la acción, pero sí que podemos incorporar progresivamente rasgos más generales y precisos del carácter esencialmente dinámico de la acción humana. Las ventajas de esta incorporación son más que evidentes. Por una parte, nos permite mejorar nuestro conocimiento de las implicaciones que tiene la naturaleza esencialmente dinámica de la acción en los procesos económicos.[44]

Y en esa acción dinámica humana el pasado ya no es y el futuro todavía no es. Esta sentencia clásica es aplicable a todo en nuestro universo material,  pero es especialmente aplicable a los procesos económicos.  Sin embargo, ese futuro depende de la que hagamos hoy en el presente concreto y circunstancial en el que nos encontramos. Es preciso estar en una continua tensión responsable libremente querida. La responsabilidad de usar adecuadamente su libertad y su capacidad heredada siempre la tiene la generación presente. La variable temporal hay que tenerla en cuenta en toda reflexión e investigación económica.

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[1] El mito de la caverna no puede llevarnos a esta aporía. Las voces que nos llegan del pasado nos liberan de la ciega cadena de nuestro presente. El fondo  de nuestra propia caverna es esta temporalidad inmediata, que no nos deja ver las experiencias de los que nos precedieron. Encadenados al tiempo, los restos del pasado nos rompen la atadura a la inmediata naturaleza que nos atenaza. La temporalidad que nos sofoca se airea así por las experiencias pasadas y el escueto tiempo de nuestra existencia, se engarza en una colectividad que lo contextualiza y enriquece. Emilio Lledó, La memoria del Logos (Madrid: Taurus, 1996), p. 39.

[2] Cualquier análisis mínimamente científico en relación con el valor económico no puede obviar, a estas alturas de reflexión del pensamiento económico, la introducción del tiempo como factor de concreción decisorio.

[3] HICKS, op. cit., p. 129.

 [4] Al igual que Böhm-Bawerk, y Menger, Hicks –entre otros, pero ellos de forma destacada- criticará el estatismo de los antiguos estudios historicistas en el campo económico. Para este autor, el tiempo marcará las diferencias entre la estática y la dinámica económicas.

[5] HICKS, op. cit., p. 359.

[6] Turgot antes y los austriacos después lo explicaron como el precio de la preferencia temporal, por el hecho de que, en resumidas cuentas, ese capital no sólo es trabajo acumulado, sino también «tiempo acumulado».  Murray N., Historia del Pensamiento Económico. Volumen II: La economía clásica. Madrid: Unión Editorial, 2000; p. 43.

[7] Allí donde faltan los productos alimenticios, los medicamentos, los bienes de cultura, etcétera, basta, para solucionar el problema, multiplicar la producción y asegurar la distribución de los diversos bienes. Es imposible actuar así con el tiempo —valor irreemplazable, inextensible e irreversible— y ante el cual todos los hombres son iguales, como son iguales ante la certeza de la muerte. Thibon, Gustave, El equilibrio y la armonía, Madrid, Ediciones Rialp, 1981, p. 80.

[8] Menger, op. cit., p. 6.

 [9] It is indeed from the relation between limiting and complementary factors that the mind derives the ideas of cause and effect. By controlling the limiting factor at the right time, right amount, right place, it controls the other factors and the result is a going machine, a going business, a going concern. This control has one comprehensive name, Timeliness. Timeliness is, indeed, learned by experience, and is a part of that feeling of fitness which cannot be imparted by mere intellect. It furnishes the difference between Art and Science, between the abstract concepts of Willingness and of the Concrete Will in action at a particular time, place, and environment. The scientist or philosopher may devote himself to the abstract concepts, regardless of Time, but the man of affairs must attend to their timeless. Cause and Effect have properly been eliminated from physical sciences, and equations have been substituted. Mathematical economists incline also to, eliminate cause and effect from economics. But cause and effect are of the essence of economics and of its principles of willingness, which accomplishes future ends by timely control of the present limiting factors.  Commons, John R., Institutional Economics its place in political economy. Wisconsin: The university of Wisconsin press, vol. 2, 1961; pp. 647-648.

[10] Bohm-Bawerk dio un impulso relevante a la variable temporal en relación con el fenómeno del interés del capital y su explicación.

 [11] BÖHM-BAWERK, op. cit., p. 515.

[12] El tiempo es un bien económico si el tiempo deseado -para realizar una actividad determinada mediante la cual conseguir un resultado concreto- es superior al tiempo disponible. La escasez, característica básica económica que indica esa diferencia entre necesidades y recursos, se puede aplicar también al tiempo.

[13] Aunque el campo de la economía se restringe generalmente a los bienes escasos, que son los que plantean problemas de administración, bien podríamos ampliar su campo a la previsión y estudio de bienes no escasos hoy pero que pueden resultar escasos mañana. La escasez, que no es más que otra expresión de esa relación en que consiste el valor, también tiene una dimensión temporal.

[14] “Lo económico es aquello que se refiere a los negocios. Esta respuesta, generosamente interpretada, realmente lo cubre todo. Debemos entender que la expresión “negocios” incluye al ama de casa planeando su presupuesto doméstico tratando de obtener lo máximo de cualquier gasto dado; al que se gana el sustento buscando el tipo particular de empleo en el que sus aptitudes serán más valiosas para la comunidad y, por lo tanto, mejor remuneradas; al hombre de negocios, en el sentido más común y restringido, que trata de inventar o descubrir y producir, en forma tan barata como sea posible, algo que agrade y satisfaga al público de manera que le dé a él una utilidad; y aun al gobierno, que, lamentablemente como pensamos algunos de nosotros, ha estado asumiendo cada vez más las funciones tanto de consumidor como de empresario.”. George Shackle

[15] “La moral es la organización estricta del tiempo humano respecto de una culminación. Dicha organización disminuye el gasto de tiempo. (…) Decidirse por las alternativas positivas comporta una responsabilidad que pone en juego los principios directivos morales. Dichos principios se resumen en la fórmula siguiente: haz el bien, no te retrases.” Rubio de Urquía.

[16] «En el extremo opuesto de nuestra “economía inmediata” pura tenemos otro modelo: nuestra “economía a futuro” pura.» «Examinando qué sistema de precios se establecería en una economía a futuro, podemos averiguar qué sistema de precios mantendría el equilibrio a través del tiempo con una determinada serie de condiciones cambiantes». HICKS, op. cit., p. 162.

[17] El pasado no cuenta en términos económicos más que como experiencia de la que se aprende para el futuro. En términos de valor económico, el pasado «ya no es»:

«Ni el cielo tiene poder sobre el pasado.» Esto significa, concretamente, que se ha de dar por sentado todo el equipo material de la comunidad. «De ahora en adelante el problema económico consistirá en distribuir estos recursos, heredados del pasado, para la satisfacción de necesidades presentes y futuras». 30

[18] El factor tiempo se encuentra en el origen del error clásico de la teoría del valor-trabajo, al considerar el trabajo incorporado, pasado, como el característico del valor. El valor tiene. una referencia siempre futura, no pasada. Le correspondió a Bohm-Bawerk poner de manifiesto también tal equivocación.

[19] BÓHM-BAWERK, op. cit., p. 502.

[20] «Finalmente, ocupan un escalón todavía más alto aquellas teorías que se sobreponen totalmente a la vieja superstición de que el valor de los bienes debe buscarse en su pasado y no en su porvenir. Estas doctrinas saben lo que se proponen explicar y saben también en qué dirección deben explicarlo». Böhm-Bawerk., ib., p. 518.

[21] Hay que distinguir el consumo de hoy, cuyo fin es el poder producir (trabajar) y de nuevo consumir mañana para seguir trabajando pasado, del consumo de mañana. El consumo de un día, un mes, un año mira al trabajo de ese día, mes o año, y éste al consumo y trabajo del día siguiente, mes siguiente, año siguiente. El consumo mira siempre a la posibilidad y mejora de la actividad futura:

«Tanto los individuos aislados como los habitantes de regiones enteras o de grupos de regiones, unidos entre sí por el intercambio, se esfuerzan de una parte por formarse una idea de las necesidades que tendrán en tiempos futuros y, de la otra, por calcular la cantidad de bienes de que disponen para cubrirlas». MENGER, op. cit., p. 83

[22] Robert Solow, en una entrevista con Jack Birner (1990:n. 28), manifestaba resueltamente que consideraba los argumentos de Hayek “totalmente incomprensibles”. Una de las ideas centrales del presente libro es que los escritos de Hayek –y los de los economistas austriacos modernos- pueden interpretarse como un esfuerzo por restablecer el “núcleo” de la teoría del capital, lo que permite un eficaz nexo entre los aspectos a corto y a largo plazo de los procesos de mercado. Hayek aplicaba simplemente una máxima metodológica importante que posteriormente articularía Mises (1966: 296): “en esta materia conviene guardarse de un error harto común consistente en suponer que se puede trazar una divisoria tajante entre los efectos a corto y a largo plazo. Esos efectos que de inmediato aparecen no son más que los primeros eslabones de una cadena de sucesivas transformaciones que acabarán produciendo los efectos que consideramos a largo plazo.” Garrison, Roger W., Tiempo y dinero, (Madrid: Unión Editorial, 2001), p. 27.

[23] El valor siempre es una especulación, estimación, de futuro más o menos cercano, una estimación de las necesidades de consumo y de las posibilidades de producción propias y una estimación de las necesidades de consumo y de producción ajenas, consideradas siempre en su futuro. Una estimación de las ajenas, porque en el intercambio que intento con mi producción de bienes para otros, mi aumento de valor depende de que esa producción propia de bienes para otros aumente el valor de la riqueza de otros.

[24] Y sigue diciendo Angel Rodríguez García-Brazales:  pero enfocada fundamentalmente al análisis de los procesos de producción que incorporan capital. Precisamente esos bienes intermedios son los que constituyen el capital de ese agente económico. En este mismo análisis, que se desprende de la categoría misma de la acción humana, inexplicablemente no se extiende al resto de las acciones, cuando se trata de explicar, por ejemplo, el comportamiento del consumidor o del trabajador. Rodríguez García-Brazales, Plan, Acción y Mercado, (Madrid: Unión Editorial, 2006), p. 207.

[25] Los monetaristas trataron de llenar estas lagunas estudiando las expectativas de gasto de futuro de los consumidores con la introducción en el análisis de los conceptos de renta permanente y ciclo vital.

[26] Una de las más importantes aportaciones de John Maynard Keynes en su Teoría General, si no la fundamental, es la introducción en el análisis económico de la noción de expectativas empresariales de futuro. La variable temporal juega un papel decisivo en tal planteamiento, en unión de la racionalidad y libertad económica empresarial. Sin embargo, Keynes se quedó corto al aplicar las expectativas exclusivamente al sector empresarial. Todo agente económico, incluido el consumidor, actúa bajo expectativas futuras de consecución de libres y diversos objetivos. Como la tendencia a tratar de incrementar el valor económico es general y el valor lleva consigo la consideración de la variable temporal, las expectativas de futuro juegan un papel decisivo en la actuación de todos los agentes económicos.

[27] “En 1982 el físicoRichard Feynman empezó a estudiar la simulación mediante ordenador de objetos cuantomecánicos. Su punto departida fue algo ya conocido, pero cuya trascendencia no había sido apreciada: que la predicción del comportamiento de sistemas cuantomecánicos (o, en otras palabras, la representación de entornos cuantomecánicos en realidad virtual) es, en general, una tarea intratable.” David Deutsch, La estructura de la realidad, Editorial Anagrama, 1999, pág.206

[28] Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.84

[29]  “El éxito de las teorías científicas, y en particular el de la teoría de la gravedad de Newton, llevó al científico francés marqués de Laplace a argumentar, a principios del siglo XIX, que el universo era completamente determinista. Laplace sugirió que debía existir un conjunto de leyes científicas que nos permitirían predecir todo lo que sucediera en el universo, con tal de que conociéramos el estado completo del universo en un instante de tiempo. Por ejemplo, si supiéramos las posiciones y velocidades del Sol y de los planetas en un determinado momento, podríamos usar entonces las leyes de Newton para calcular el estado del sistema solar en cualquier otro instante. El determinismo parece bastante obvio en este caso, pero Laplace fue más lejos hasta suponer que había leyes similares gobernando todos los fenómenos, incluido el comportamiento humano.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.81

[30]  Hemos vivido un siglo veinte en el que –también y especialmente desde el punto de vista de la Economía- se extendió -llegando a ser casi un dogma y un “a priori” al que se debía intentar llegar- la fe en la consecución de una metodología mecanicista, positivista y determinista que convirtiese la ciencia social económica en una materia científica considerando científica aquella que era capaz de predecir con exactitud de lógica matemática o con precisión de nave espacial todo tipo de fenómenos y situaciones futuras y explicar de igual forma el presente en base a razonamientos lógico científicos que tomaban como datos fríos y neutrales tablas estadísticas del pasado más o menos inmediato.

[31] “Parece mejor emplear el principio de economía conocido como «cuchilla de Occam» y eliminar todos los elementos de la teoría que no pueden ser observados. Esta aproximación llevó en 1920 a Heinsenberg, Edwin Schrödinger y Paul Dirac a reformular la mecánica con una nueva teoría llamada mecánica cuántica, basada en el principio de incertidumbre. En esta teoría las partículas ya no poseen posiciones y velocidades definidas por separado, pues éstas no podrían ser observadas. En vez de ellos, las partículas tienen un estado cuántico, que es una combinación de posición y velocidad.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.84

[32] En todo ese aparatoso instrumental científico sofisticado y probabilístico difícilmente se distinguía -como decía Balmes- la posibilidad del hecho real y su existencia, y también era muy difícil poder vislumbrar la persona humana de carne y hueso que al fin y a la postre era siempre el protagonista de cada decisión económica. El  pensamiento y el razonamiento económico se disfrazaban así con el positivismo del paradigma científico de la naturaleza inanimada, olvidando el talante moral o inmoral de los actores de la ciencia sobre la que se quería pontificar, así como cualquier consideración ético-filosófica.

[33] La naturaleza además parece que es creativa. En la cosmovisión científica actual la formación de nuevos seres que pertenecen a tipos ya existentes es un proceso cuasicreativo. Los físicos, por ejemplo, concuerdan en que los electrones, fotones, átomos, moléculas, estrellas gigantes o enanas, las galaxias y los meteoritos se comportan todos ellos legalmente, pero sus leyes no son del tipo de las leyes de la mecánica newtoniana o de la estabilidad aristotélica. Esas leyes no nos permiten, aún utilizando las herramientas electrónicas más sofisticadas, predecir con certeza lo que va a pasar. Un efecto concreto no es el resultado de una igual, constante y única causa sino que innumerables causas convergentes dan lugar a tal efecto original, y cada nuevo descubrimiento abre la puerta a otro universo desconocido. El canto llano y monocorde de la naturaleza hay que sustituirlo por la música polifónica con un sin fin de voces armonizadas de forma magistral.

[34] “Las leyes de la física actuales son, por lo menos hasta ahora, susceptibles de ser superadas en todo momento por teorías que proporcionen mejores predicciones, y que la tarea de descubrir cada nueva teoría a partir de la anterior ha sido tratada por medio del cálculo dadas las leyes y la tecnología ya conocidas. La estructura de la realidad debe, pues, estar, por así decirlo, escalonada, en aras de una fácil autoaccesibilidad.” David Deutsch, La estructura de la realidad, Editorial Anagrama, 1999, pág.202 y 203

[35] “Una de las evidencias físicas  más importantes fue la que proporcionó Einstein. En un artículo escrito en 1905, unas pocas semanas antes de su famoso artículo sobre la relatividad especial, Einstein señaló que el fenómeno conocido como movimiento browniano –el movimiento irregular, aleatorio de pequeñas partículas de polvo suspendidas en un líquido- podía ser explicado por el efecto de las colisiones de los átomos del líquido con las partículas de polvo.

En aquella época ya había sospechas de que los átomos no era, después de todo, indivisibles. Hacía varios años que un fellow del Trinity Collage, de Cambridge, J.J. Thomson, había demostrado la existencia de una partícula material, llamada electrón, que tenía una masa menor que la milésima parte de la masa del átomo más ligero.

Y, en 1911, el físico británico Ernest Rutherford mostró, finalmente, que los átomos de la materia tienen verdaderamente una estructura: están formados por un núcleo extremadamente pequeño y con carga positiva, alrededor del cual gira un cierto número de electrones. Él dedujo esto analizando el modo en que las partículas α, que son partículas con carga positiva emitidas por átomos radioactivos, son desviadas al colisionar los átomos.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.94

[36] “cuanto con mayor precisión se trate de medir la posición de la partícula, con menor exactitud se podrá medir su velocidad, y viceversa. Heisenberg demostró que la incertidumbre en la posición de la partícula, multiplicada por la incertidumbre en su velocidad y por la masa de la partícula, nunca puede ser más pequeña que una cierta cantidad, que se conoce como constante de Planck. Además, este límite no depende de la forma en que no trata de medir la posición o la velocidad de la partícula, o del tipo de partícula: el principio de incertidumbre de Heinsenberg es una propiedad fundamental, ineludible, del mundo.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.83

[37] “El principio de incertidumbre marcó el final del sueño de Laplace de una teoría de la ciencia, un modelo del universo que sería totalmente determinista: ciertamente, ¡no se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado presente del universo de forma precisa! Aun podríamos suponer que existe un conjunto de leyes que determina completamente los acontecimientos para algún ser sobrenatural, que podría observar el estado presente del universo sin perturbarlo. Sin embargo, tales modelos del universo no son de  demasiado interés para nosotros, ordinarios mortales.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.83 y 84

[38] “En el siglo XIX, cuando las únicas energías de partículas que la gente sabía cómo usar eran las bajas energías de unos pocos electrón-voltios, generados por reacciones químicas tales como la combustión, se creía que los átomos eran la unidad más pequeña. En el experimento de Rutherford, las partículas α tenían energías de millones de electrón-voltios. Mas recientemente, hemos aprendido a usar los campos electromagnéticos para que nos den energías de partículas que en un principio eran de millones de electrón-voltios y que, posteriormente, son de miles de millones de electrón-voltios. De esta forma, sabemos que las partículas que se creían «elementales» hace veinte años, están, de hecho, constituidas por partículas más pequeñas.

Estas partículas tienen una propiedad llamada espín. Un modo de imaginarse el espín es representando a las partículas como pequeñas peonzas girando sobre su eje. Sin embargo, esto puede inducir a error, porque la mecánica cuántica nos dice que las partículas no tienen ningún eje bien definido. Lo que nos dice realmente el espín de una partícula es cómo se muestra la partícula desde distintas direcciones.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.97

[39] “Las leyes de la mecánica cuántica requieren que un objeto que se encuentre inicialmente en una posición dada (en todos los universos) se «difunda» en el sentido del multiverso. Por ejemplo, un fotón y sus contrapartidas en otros universos salen juntos del mismo punto del filamento de una lámpara, pero luego se mueven en billones de direcciones distintas. Cuando medimos después lo que ha sucedido, también nos «difundimos», ya que cada una de nuestras copias ve lo ocurrido en su particular universo. Si el objeto en cuestión es la atmósfera de la Tierra, el huracán tal vez haya sucedido en, digamos, un 30 por ciento de los universos y no en el restante 70 por ciento. Subjetivamente, percibimos esto como un resultado único, impredecible o «aleatorio», si bien desde la perspectiva del multiverso todos los resultados han ocurrido de modo real. Esta multiplicidad en universos paralelos es la verdadera razón de la impredicibilidad de la meteorología.” David Deutsch, La estructura de la realidad, Editorial Anagrama, 1999, pág.208

[40] “La hipótesis cuántica explicó muy bien la emisión de radiación por cuerpos calientes, pero sus implicaciones acerca del determinismo no fueron comprendidas hasta 1926, cuando otro científico alemán, Werner Heisenberg, formuló su famoso principio de incertidumbre. Para poder predecir la posición y la velocidad futuras de una partícula, hay que ser capaz de medir con precisión su posición y velocidad actuales. El modo obvio de hacerlo es iluminando con luz la partícula. Algunas de las ondas luminosas serán dispersadas por la partícula, lo que indicará su posición. Sin embargo, uno no podrá ser capaz de determinar la posición de la partícula con mayor precisión que la distancia entre dos crestas consecutivas de la onda luminosa, por lo que necesita utilizar luz de muy corta longitud de onda para poder medir la posición de la partícula con precisión. Pero, según la hipótesis de Planck, no se puede usar una cantidad arbitrariamente pequeña de luz; se tiene que usar como mínimo un cuanto de luz. Ese cuanto perturbará la partícula, cambiando su velocidad en una cantidad que no puede ser predicha. Además, cuanto con mayor precisión se mida la posición, menor habrá que de ser la longitud de onda de la luz que se necesite y, por lo tanto, mayor será la energía del cuanto que se haya de usar. Así la velocidad de la partícula resultará fuertemente perturbada.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.82 y 83

[41] CONSTANTE DE PLANCK: La emisión o absorción de energía radiante de frecuencia f, no tiene lugar de forma continua, sino que se verifica por múltiplos de una cantidad discreta, o cuanto, cuyo valor es: E=hf, donde h es la constante universal de Planck (h=6,62por 10 elevado a -27 erg.seg=6,62.10 elevado a -34 julios por segundo. Texto redactado especialmente para este trabajo  por el doctor en Física y profesor de la Universidad San Pablo CEU, Alberto Miguel Arruti a quien agradezco su magistral ayuda.

 [42] “La doctrina del determinismo científico fue ampliamente criticada por diversos sectores, que pensaban que infringía la libertas divina de intervenir el mundo, pero, a pesar de ello, constituyó el paradigma de la ciencia hasta los primeros años de nuestro siglo. Una de las primeras indicaciones de que esta creencia habría de ser abandonada llegó cuando los cálculos de los científicos británicos lord Rayleigh y sir James Jeans sugirieron que un objeto o cuerpo caliente, tal como una estrella, debería irradiar energía a un ritmo infinito. De acuerdo con las leyes en las que se creía en aquel tiempo, un cuerpo caliente tendría que emitir ondas electromagnéticas (tales como ondas de radio, luz visible o rayos x) con igual intensidad a todas las frecuencias. Por ejemplo, un cuerpo caliente debería irradiar la misma cantidad de energía, tanto en ondas con frecuencias comprendidas entre uno y dos billones de ciclos por segundo, como en ondas comprendidas entre dos y tres billones de ciclos por segundos. Dado que el número de ciclos por segundo es ilimitado, esto significará entonces que la energía total irradiada sería infinita.

Para evitar este resultado, obviamente ridículo, el científico alemán Marx Planck sugirió en 1900 que la luz, los rayos X y otros tipos de ondas no podían ser emitidos en cantidades arbitrarias, sino sólo en ciertos paquetes que él llamó «cuantos». Además, cada uno de ellos poseía una cierta cantidad de energía que era tanto mayor cuanto mas fuera la alta fuera  la frecuencia de las ondas, de tal forma que para frecuencias suficientemente altas la emisión de un único cuanto requeriría mas energía de la que se podía obtener. Así la radiación de altas frecuencias se reduciría, y el ritmo con el que el cuerpo perdía energía sería, por lo tanto, finito.” Stephen W. Hawking, Historia del Tiempo, Editorial Crítica, S.A., 1988. Pág.81 y 82

[43] El locus donde la teoría económica ha estudiado la proyectividad ha sido, casi, el comportamiento empresarial. Y, desde la perspectiva histórica de su desarrollo, es perfectamente coherente que así haya sido. Sin embargo, una nueva reflexión sobre la estructura analítica de la acción humana revela que no es el único lugar donde la acción manifiesta su carácter dinámico. Más bien, la radicación última del carácter dinámico de la acción se encuentra en el proyecto de la acción, entendido como una ordenación secuencial de objetivos que deben de cumplirse para culminar con éxito la acción a lo largo de un periodo de tiempo. Cada uno de estos objetivos tiene la categoría de fin en cuanto pertenece a un proyecto de acción, y eso es lo que da sentido a la necesidad de su cumplimiento. Dado que la persona puede mantener simultáneamente los más diversos planes de acción, las estructuras de fines que se van generando secuencialmente obedecen a la lógica interna y temporal de tales proyectos. Y dada la naturaleza falible del ser humano, en virtud de la cual nada nos asegura a priori que todos esos proyectos puedan ser llevados a cabo, se puede presentar una situación en la cual, en un momento determinado, la estructura de fines de los agentes sea irrealizable porque contiene fines que son mutuamente incompatibles. Rodríguez García-Brazales, Plan, Acción y Mercado, (Madrid: Unión Editorial, 2006), p. 206.

[44] Y continúa escribiendo Angel García Brazales: En sí mismo esto ya sería motivo suficiente para plantearnos un análisis riguroso de todos aquellos elementos que intervienen en el acto de proyectar una acción. Pero, por otra parte, la incorporación de estos elementos a una caracterización más general del agente económico nos permitirá ampliar el dominio de definición de las leyes económicas, es decir, poder identificar y analizar tipos de procesos que hasta ahora no tenían cabida en los análisis teóricos.  Rodríguez García-Brazales, Plan, Acción y Mercado, (Madrid: Unión Editorial, 2006), p. 205.

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