EL DINERO Y LOS PRECIOS

El Dinero y los precios

El cambio interpersonal se denomina cambio indirecto cuando entre las mercancías y servicios que, en definitiva, los interesados pretenden canjear, se interponen uno o más medios de intercambio.

Cuando un medio de intercambio se hace de uso común, se transforma en dinero.

Definición.-  “Todo bien que sirve como instrumento de cambio y es al mismo tiempo de aceptación general”.

– Se distingue claramente de los bienes de consumo y de los bienes de producción. → Por su misma naturaleza no se encamina a cubrir ninguna necesidad de consumo. Si se utiliza de adorno deja de ser dinero. (Coleccionista en monedas)

El dinero no es un bien de producción, no es un bien que sirve para producir otros bienes (Aunque si valor económico, no producción física pero si producción de valor).

Funciones del dinero

  • El dinero como medio de cambio. Su función específica.

(Las personas deben aceptarlo como referencia del valor de las cosas). Generalmente aceptado el dinero sirve para dar a los intercambios la máxima facilidad.

El uso de un medio de cambio permite ventas y compras independientes. El trueque queda así disociado en dos operaciones separadas, que no es preciso sean simultáneas. Esta independencia de las ventas con respecto a las compras es de la mayor importancia, porque elimina el requisito de que coincidan las necesidades, no sólo en cuanto al tiempo y lugar del cambio sino también respecto a la clase cantidad – calidad de los bines respectivamente deseados”    Halm.

En el trueque compra y venta a la vez.

  • El dinero como unidad de cuenta o medida de valor

En el trueque, salvada la dificultad de la coincidencia entre la recíproca necesidad del producto que se ofrece y el que se demanda, queda aún la no pequeña de la comparación del valor entre esas cosas que se ofrecen, y, desean adquirir.

¿Cuántas cabezas de ganado valen una cosa? ¿Cuántos sacos de cemento valen un ordenador?

Esta comparación la realiza el dinero al reducir el valor de todas ellas a un común denominador .

El dinero es el patrón que mide el valor de todos lo productos.

El dinero mediante esta función permite el cálculo económico de manera racional y se le ha llamado el lenguaje de la economía → Es en términos de dinero como se expresa y entiende el mundo económico.

En intercambio el dinero es fundamental.

  • El dinero como depósito de valor.

Sirve como reserva o depósito de valor económico.

Para conservar en el tiempo el valor que representan determinados bienes o cúmulo de bienes.– La conversión en dinero del valor económico a conservar permite ahorrar.

Mercancía fácil de guardar, con seguridad y sin peligro de deterioro por el paso del tiempo.

Para esta función el dinero necesita ser él mismo estable en este aspecto.- Si se altera el propio valor del dinero perderá aptitud para el ahorro y otros bienes duraderos pueden sustituirse con ventaja.- (Caso de procesos inflacionistas por ejemplo.)

  • El dinero como patrón de pagos diferidos.

Al ser una unidad de cuenta y un depósito de valor el dinero sirve como medio de cambio y permite satisfacer a través de él cualquier género de deudas.

Se disocia así en el tiempo la operación de vender y cobrar así como la de comprar y pagar

El dinero sirve como medio de pago, tanto si este se efectúa inmediatamente a la compra como si se aplaza.

Cuando se utiliza para pagar diferidos, el dinero necesita  más que nunca satisfacer la condición de patrón estable de valor. Sólo así podrá aceptarse el pago de un crédito o la devolución de un préstamo al cabo de un tiempo por la misma cantidad de dinero en que fue  establecido.- Si el dinero se deprecia no cumple la función de patrón de pagos diferidos.

Para explicar la “ilusión monetaria” conviene distinguir entre el precio y el valor del dinero.- El precio de una unidad monetaria en un momento determinado es precisamente uno, esa unidad monetaria. Pero su valor es el reflejo de los bienes que se pueden adquirir con ella, algo que puede variar.

  • El dinero es instrumento de poder individual y social y de estrategia o política económica en manos del Estado.

–  El funcionamiento del sistema de mercado: formación y función de los precios

El dinero permite a su vez transformar las idonei­dades subjetivas, los valores, en el tiempo. Posibilita la comparación intertemporal. El dinero se nos presenta así como instrumento importantísimo para el cálculo económico, para llevar a cabo nuestros proyectos. El dinero acelera los intercambios, los facilita por su rapidez de venta y sirve, además, como patrón de medida y como transmisor de  valor a lo largo del tiempo siendo fácilmente transportable en el espacio y utilizado como  patrón de pagos diferidos, entre otros muchos usos económicos consecuencia de estos. Generalizado el uso del dinero fueron cobrando relevancia otras dos funciones del dinero: la posibilidad de separación entre el momento de la venta y el cobro o entre la compra y el pago; y la del dinero como depósito de valor que hace posible y conveniente el ahorro de cara al futuro más o menos mediato.

 Aristóteles empieza distinguiendo la riqueza real del dinero. El nombre de “economía” –afirma- se aplica sólo al arte de administrar los bienes reales. El dinero es un simple instrumento que sirve para adquirir las cosas necesarias para la economía civil y doméstica; y el arte de adquirir dinero es a una buena economía lo que la lanzadera al arte de tejer.[24]

 El dinero lo empiezan a entender como instrumento motor del desarrollo: Al oro y a la plata, una poca de tierra congelada, les dió la república tanto ser y valor que los hizo valor y precio de todas las cosas[25] Se cita así otra función vital del dinero[26], olvidada muchas veces por aparentemente obvia pero que es sustancial: el dinero como unidad de cuenta, como patrón de medida del valor de cualquier cosa en cantidades monetarias. Es lo que permite el cálculo económico en cualquier nivel macro o micro y hace posible la unidad de la infinita diversidad planetaria de objetos materiales e inmateriales. Este patrón de medida monetario es cada vez más conveniente que sea universal para que todo ciudadano del mundo al viajar física o digitalmente a cualquier otro rincón recóndito pueda saber a qué atenerse, pueda saber lo que vale algo y hacer el cálculo subjetivo, personal, circunstancial e intransferible de si le interesa o no. Hayek era partidario de un patrón de medida monetario universal.  Así nos dirá: Es muy difícil, cuando existe un dinero internacional homogéneo, que los movimientos de capital, y en particular aquellos que son a corto plazo, sean una fuente de inestabilidad o nos lleven a cambios en la actividad productiva que no estén justificados por cambios correspondientes en las condiciones reales.[27]

 Además, hoy en día, en nuestra sociedad digital multiplicadamente interdependiente las funciones clásicas del dinero se ensanchan y engrandecen. la velocidad de circulación del dinero se incrementa con las nuevas tecnologías y así las transacciones, que se incrementarían a nivel mundial con la especialización y la riqueza de la variedad que hace que cada persona y cada empresa diariamente pueda reorganizar su patrimonio y su bienes tratando de hacerlos más rentables buscando la máxima relación a los fines subjetivos de cada instante orientados por el fin último que los orienta. Cada día se pueden llevar a efecto con más rapidez la conversión de la idea y del detalle de lo que quiero en algo materialmente accesible y posible.

Los precios y el dinero como guías para la acción económica personal y colectiva.

Los precios son indicativos límites de los valores de uso de las cosas por lo que son  transmisores de información[28]. El vendedor es el que normalmente fija el precio de los bienes. Al fijarlos está indicando e informan­do a los posibles compradores cuál es su valor de uso subjetivo[29] máximo y por lo tanto  cuál  es su valor de cambio posible. El comprador con la simple información del precio puede hacer sus cálculos para decidir si el valor de uso subjetivo de ese mismo bien para él es superior o no  al valor de cambio fijado por el vendedor. Si en base a sus expectativas de aumento marginal de su capacidad de generar riqueza  futura concluye que su valor de uso es superior al de cambio indi­cado por el precio, realizará el intercambio, si no, no.  La  compra o no compra por parte de los posibles compradores del bien a ese precio será un indicativo para el vendedor de los valores subjetivos de uso de tales posibles compradores. Y tomará  en  consideración  tal información para futuras deci­siones de precios, producciones y tipos de bienes a producir. Pero para que los precios puedan cumplir esa función informativa se requiere lealtad y justicia[30] en las libres relaciones comerciales.

 Para que esa lealtad y justicia estén presentes en las relaciones comerciales de los mercados se requiere por ejemplo que el bien objeto de intercambio sea auténtico y no aparente, en el que por lo tanto no se saque provecho de esas falsas ilusiones creadas a través de la manipulación por parte del vendedor y sin haber creado un valor económico real. También se precisa que los ingresos que se originan en el intercambio no sean consecuencia del aprovechamiento de situaciones de poder de vendedor o comprador, ni que se produzcan  aquellas formas de ingreso que surgen porque se crea para el comprador o para el vendedor una situación de emergencia. Otro tipo de bienes aparentes son la resultante de ilusiones falsas favoreciendo el autoengaño de terceros y la explotación de su inexperiencia. Se debe tener en cuenta también, para el saneamiento de los intercambios que fomentar excesivamente la vanidad, el autoengaño o el afán de prestigio de la otra parte pueden también constituir ingresos injustificados. Y, en general, hay que señalar también que operaciones éticamente condenables surgen de la simulación de circunstancias engañosas que no sería otra cosa que falsificación. Si falta ese tamiz ético en las transacciones, difícilmente se genera confianza y tampoco el sistema de precios cumple esa función informativa que es tan vital y que fue resaltada por Hayek.

 El precio de mercado competitivo –nos dirá Koslowski-  es un punto de referencia decisivo para una ordenación éticamente justa del precio porque en él confluyen las valoraciones y las relaciones de escasez entre todos los bienes en el mercado de productos y las relaciones de escasez y valoraciones en el mercado de factores. Firmando el contrato de intercambio se supone que ambas partes han internalizado todos los efectos secundarios positivos y negativos y la suma definitiva es siempre positiva. La discusión moderna acerca del precio justo en la ética económica procedente de la doctrina del derecho natural española recupera importancia últimamente porque la diferenciación  y la independización de la economía actual está complementándose  con un movimiento hacia la compenetra­ción normativa y un afán cultural.[31]

 Vale la pena, citar a este propósito, (como lo hace Rafael Termes) por su frescura y conocimiento de la realidad, los textos en que Tomás de Mercado dice que “el precio justo es el que corre de contado públicamente y se usa esta semana y esta hora, como dicen en la plaza, no habiendo en ello fuerza ni engaño, aunque es más variable, según la experiencia enseña, que el viento. Y que si uno trajo mercería de Flandes y cuando llegó a Sevilla vale de balde, por la gran copia y abundancia que hay, bien podrá guardarla. Mas, si la vende, no ha de tener cuenta con lo que a él le costó, o costeó por el camino, sino con lo que ahora se aprecia en la ciudad, porque a esta variedad y ventura está el arte del mercader. Ahora debe perder; otro día el tiempo tendrá cuidado de ofrecerle oportunidad y ocasión de ganar[32]

 Dentro de ese orden general, la justicia conmutativa es la de los intercambios y anima  a los individuos a dar a los otros lo suyo individual, lo que les corresponde en su carácter de personas privadas. Ese hábito, extendido en todo el sistema económico y financiero, es el que establece el orden en todos los negocios humanos por lo que tiene la misión fundamental de coordinar las diversas valoraciones heterogéneas que deben ser ponderadas para deducir los criterios de equivalencia financiera.

 Sin esa claridad sobre los deberes y derechos de cada cual, no pueden fijarse los precios de los distintos bienes y servicios. Tal cuestión es muy relevante porque es precisamente mediante la estructuración de los sistemas de precios, que son símbolos de las valoraciones individuales subjetivas de miles de personas físicas o jurídicas, como las sociedades humanas gozan de sistemas de información, comunicación y coordinación para la complementación de sus distintas actividades de producción o distribución.[33] Y así Hayek nos dice:

 Los precios sirven como guías para la acción, y que deben ser explicados en función de lo que la gente haría, no determinados por lo que la gente ha hecho en el pasado[34].

 Y también: El economista tan sólo asevera que por haberse percatado, en razón de su oficio, de la disparidad de las humanas aspiraciones, cónstale, con mayor certeza que a otros estudiosos, que la mente humana es incapaz de abarcar el conjunto de conocimientos que impulsan las acciones so­ciales y que, por tanto, precisa disponer -con independen­cia de los juicios de los seres humanos- de un mecanismo impersonal que coordine todos los esfuerzos individuales.[35]

 Y Gray, en un artículo sobre Hayek y el liberalismo clásico hacía hincapié, siguiendo también a Mises,  en la relación entre los precios y el sistema de intercambio como mejora económica: Lo que importa, para garantizar la compatibilidad y la coordinación de los planes económicos individuales, no es nuestra capacidad para poner la vida económica en ecua­ciones y en teorías; no es nuestra capacidad para formular el conjunto de los problemas  que plantea esa coordinación (lo que supone implícitamente la visión programadora), sino nuestra posibilidad de hacer que lleguen a un gran número de personas todos aquellos conocimientos prácticos y específi­cos que algunos poseen de forma inexpresable,  pero que se encuentran, sin embargo, preparados para  ser  intuitivamente utilizados por otros, gracias a ese extraordinario  instrumento de telecomunicación que es el sistema de precios y de la competencia.[36]

 Y en este mismo sentido, es en la Introducción al Volumen IX de la obras completas de Hayek donde Bruce Caldwell hace una exposición-resumen certero y pedagógico de esta que es otra de las aportaciones clave del pensamiento hayekiano: la teoría del equilibrio de por entonces era estática y atemporal, y suponía que todos los agentes económicos deciden en condiciones de información perfecta. En el mundo real, empero, las decisiones se adoptan en tiempo real en función de una información dispersa y subjetiva (falible por tanto). La pregunta clave en el mundo real es, pues, la de cómo llegan a coordinarse de hecho las acciones de los agentes económicos. La teoría del equilibrio, con su énfasis en los estados finales, en los que la coordinación ya se ha alcanzado, convierte sin embargo en irrelevante la pregunta misma por el modo en que ésta se alcanza. Hayek acabaría por abandonar la caracterización o conceptualización del mercado en términos de equilibrio general para adoptar la idea de la coordinación social que permiten los “procesos de mercado”, en los que se atribuye una función informativa crucial a la libre formación de los precios relativos.[37]

 En la moderna teoría del valor y de los precios la elección subjetiva personal de cada uno, prefiriendo ciertas cosas y rechazando otras, estructura el sistema  informativo de precios en el mundo del cambio interpersonal. El mercado, a través  de este instrumento valiosísimo de coordi­nación e información,  va guiando a los sujetos mostrándoles cómo podrán alcanzar  mejor sus propios objetivos en libre cooperación. Se convierte en una institución que ordena el sistema en su conjunto dotándolo de razón y sentido. Las libres y diversas actuaciones de  los múltiples individuos que cooperan bajo el régimen de división  del trabajo y  especialización, ponen en marcha el proceso  del mercado. Las causas finales subjetivas de cada uno, reflejo  más o menos cerca­no de los objetivos, se expresan libremente  a través de los precios y ponen en marcha el proceso generador  de mejora del valor económico global. Los precios de mercado  son  función de los juicios de valoración[38] de las gentes tal y como éstas se pronuncian en un momento histórico concreto y en un lugar deter­minado en el que intercambian ciertas cantidades de  dos bienes concretos. La inestabilidad de precios elimina la función informativa de éstos, se difumina su función de guía adecuada para la toma de decisiones y pierde su virtualidad el sistema.

 Hablando con el debido rigor, en último término, las metas últimas nunca son económicas. Los llamados objetivos económicos son, en realidad, únicamente metas intermedias que al actor van indicando cómo facilitar mejor el logro de aquellos objetivos, en último término no económicos, que sus congénes pretenden alcanzar. Sólo el mercado es capaz de someternos a la disciplina del cálculo; sólo él logra hacernos responsables en cuanto al empleo de los recursos que aplicamos al logro de aquellos fines que personalmente juzgamos prioritarios.[39]

 El cálculo económico de individuos, empresas e instituciones se realiza a través del dinero. A través del dinero se canalizan las necesidades y objetivos de los consumidores finales, estableciéndose determinados coeficientes de precios relativos entre los bienes.  Cada precio es irrepeti­ble y contiene información privilegiada  para todo el que la sepa comprender porque es fruto de la estimación y la actuación de los individuos. Incluso los defensores del socialismo admiten que una que en la realidad existe.

 La sociedad desarrollada no puede prescindir de ese instrumento de comunicación de masas que constituye el sis­tema de precios. Y también es irrepetible cada precio si tenemos en cuenta el tiempo en el que se producen o se prevé que van a suceder los hechos. En base a este principio, Hayek elaboró una interesante y novedosa teoría de explicación de las crisis de las economías capitalistas en su libro: Precios y Producción que comentaremos más ampliamente posteriormente:

 Toda actividad económica se lleva a cabo a través del tiempo. Todo proceso económico personal ocupa un cierto tiempo y todas las conexiones entre los procesos económicos necesariamente conllevan periodos de tiempo más o menos largos. No obstante, vamos a suponer que metodológicamente valiese la pena hacer una ficción y prescindir, al menos inicialmente, del tiempo. Entonces el análisis económico arranca de un sistema económico en el que se supone que todos los procesos tienen lugar simultáneamente y por tanto los precios de todos los bienes de una clase determinada se forman bajo el mismo conjunto de condiciones. Como resultado, las proposiciones a las que se llegue en esta fase del análisis no pueden proporcionar más que una explicación del comportamiento de una economía que es parcial o fragmentario.

 Los precios cumplen también un papel de enorme importancia en lo que se refiere a la distribución en el tiempo de los procesos económicos individuales, como guías y reguladores de toda la actividad económica en una economía de mercado. Y es precisamente esa función la que hasta ahora no ha recibido demasiada atención por parte de la teoría económica. En la mayoría de los casos se ha considerado que las conclusiones alcanzadas en esta primera fase del análisis teórico eran suficientes para hacer frente a todos los problemas concretos, y desde luego se ha fracasado a la hora de completarlas con un examen fundamental del significado que tiene, para la estructura de los precios, su aspecto temporal.[40]