LIBERALISMO MORAL Y LIBERALISMO ECONÓMICO

LIBERALISMO MORAL Y LIBERALISMO ECONÓMICO

Puesto que la palabra liberal se puede aplicar tanto a la ética o a la moral, como a la economía, se suele organizar, tanto en los debates éticos como económicos, un cierto confusionismo y batiburrillo conceptual que conviene aclarar cuanto antes. La postura liberal (que también se cataloga como progresista) referida a la ética y a la conducta humana general suele ir ligada a una concepción hedonista en donde los valores están en continuo cambio y el relativismo moral no respeta ninguna regla externa al propio apetecer inmediato. No deja de ser sintomático que Adam Smith, padre del liberalismo económico, no fuera partidario de lo que él mismo llamaba sistema moral liberal y que definía como aquél en que se primaba “el lujo, la alegría desorbitada, el goce desordenado y la prosecución del placer hasta una cierta intemperancia.”

La palabra liberal aplicada a la economía, en cambio, corresponde a la definición de la economía descentralizada o de libre mercado, que es tan antigua en la historia de la humanidad como el comercio griego o fenicio. Basada en un “estilo de vida en libertad”, como diría Tocqueville, y en la propiedad privada de los bienes, pone en marcha un fluido intercambio voluntario entre esos bienes y servicios que enriquece a todos y cada uno de los participantes activos en ese organismo económico. La cooperación espontánea se realiza mediante la flexibilidad de los precios como instrumento para la asignación de recursos. Las personas, familias y empresas toman libremente sus decisiones económicas asumiendo los resultados, positivos o negativos, de las opciones elegidas. En el extremo contrario del liberalismo económico se encuentra el socialismo puramente intervencionista definido por la economía centralizada en la que el Estado es el único propietario de los bienes (especialmente los de producción) y en donde la actividad económica se realiza de forma planificada, al objeto de determinar tanto la cantidad del producto como su distribución. La cooperación social para alcanzar el bienestar se realiza de forma coactiva.

El liberalismo moral convive en diferentes dosis en todos los distintos organismos económicos tanto liberales como socialistas. Parece que hay un convencimiento general de que la combinación más beneficiosa es la honradez ética con el liberalismo económico. Además de Adam Smith y otros muchos, el mismo Keynes, en uno de sus escritos autobiográficos y desde la atalaya de su experiencia personal como gran economista, afirmaba: “Pero hoy veo en aquella tradición (se refiere a la tradición hedonista benthamiana) el gusano que ha roído las vísceras de la civilización moderna y es responsable de su decadencia moral.” También para el alicantino Bernácer, contemporáneo y adelantado de Keynes en varios aspectos, los ciclos no son un mal consustancial al sistema de libertad económica sino más bien al institucional. “Una vez que tales elementos se aparten, el régimen de libertad económica, que ha demostrado ser el más eficaz para estimular la producción y el bienestar, lo será también para introducir la estabilidad y, con ella, la justicia distributiva.”

En los últimos 50 años no se ha experimentado en España un sistema de liberalismo económico. Al intervencionismo estatal de la época franquista siguieron políticas socialdemócratas y socialistas en democracia. Confío en que no acabe el siglo XX sin estrenar una verdadera política económica liberal. Si esa situación se produce y va acompañada de regeneración ética: “miel sobre hojuelas”. No es un problema de siglas o de encasillamientos, sino de ideas, talantes y capacidad para poner en marcha esa novedad. Me da igual que ese sistema económico venga sobre los hombros de los jinetes del PP, del PSOE, de CiU o, lo que parece más improbable, de IU. (Esta formación política puede ayudar muy bien a la regeneración ética actuando, en su papel habitual, como martillo de herejes especuladores). Da igual, insisto, quién sea capaz de llevar adelante esa esperanza, pero de lo que sí estoy convencido, hoy por hoy, es de que un sistema económico de libre mercado, unido a una generalizada honradez ética, generaría unas sinergias conjuntas mutuamente positivas y de resultados muy alentadores para todos.

JJ Franch

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