ECONOMIA Y CONDUCTAS ETICAS

              

            ECONOMÍA Y CONDUCTAS ÉTICAS      

          En cuanto la persona humana es un ser consciente de su continuidad es perfectamente humano, racional e inteligente intentar condicionar en positivo y por adelantado las elecciones futuras mediante la autoimposición de ciertas reglas o restricciones de la conducta que le permitirán alcanzar sus objetivos últimos màs apreciados. Ello implica la selección de un conjunto de preceptos morales que guían las elecciones en el presente y en el futuro empleando recursos intelectuales y emocionales que van dejando como una especie de cuasi-permanentes hàbitos que domestican las conductas indeseadas y hacen màs factible alcanzar las metapreferencias. El propósito explícito no será otro que cerrar posibilidades de actuar en formas o modos que son considerados “ineficientes” para llevar adelante el programa de vida preferido. Cada individuo puede reducir libre y conscientemente sus màrgenes de opción en la forma que considere màs provechosa dentro de una perspectiva de largo alcance en lugar de ir respondiendo simplemente a lo que vaya apareciendo.

          Aunque con todas las matizaciones y parèntesis que el uso de colectivos implica, podemos hacer un anàlisis parecido en el caso de una entidad política organizada. La historia de esa unidad colectiva, descrita por las “elecciones” hechas en todos los períodos del pasado limitará el conjunto de opciones posibles que pueden ser afrontados hoy por la colectividad como tal y por los individuos integrados en ella. A su vez, y de ahí la responsabilidad política actual, las elecciones hechas hoy por la colectividad, modificarán y condicionarán las opciones disponibles en el futuro a través de las influencias sobre las restricciones y preferencias.

          Las leyes, instituciones, costumbres, hàbitos de conducta y tradiciones de la comunidad tienen una influencia decisiva sobre las variables típicamente económicas y se acaban reflejando en las cuentas del Estado. Detrás de los continuados incrementos de gastos y déficits públicos que engrosan el volumen acumulado de la Deuda Pública, se encuentran muchos hàbitos negativos en la ciudadanía y en los políticos que se pueden concretar en una falta de ética auténtica que se resiste a actuar con responsabilidad por sí mismos prefiriendo que sean los demàs los que solucionen sus problemas personales. Tambièn se produce una preferencia irresponsable del consumo sobre el trabajo y del corto plazo sobre el largo despreciando el futuro e incrementando la carga que tendrán que soportar las generaciones futuras. La situación económica española està demandando un cambio político y moral sustancial y estimulante. Cuanto màs se tarde en producir, peor.

                                José Juan Franch