EL ERROR DE LA SUMA CERO

Está muy extendida la opinión, incluso entre los que deberíamos ser expertos en estas cuestiones, de que en la vida, y en concreto en economía, cuando alguien gana alguien pierde; nadie puede mejorar si otro u otros no empeoran. Lo que ganan los que ganan tiene que ser igual a lo que pierden los que pierden, con lo que sólo se pueden producir fenómenos de suma cero.

Creo, sin embargo, que no se ha puesto de manifiesto con suficiente claridad la regresividad general de este comportamiento. Frente a las críticas, siempre se ha respondido que las políticas económicas basadas en la suma cero ejercían un efecto redistributivo en la sociedad; que favorecían, en definitiva, a los sectores de población más pobres y marginales, y perjudicaban a las rentas más elevadas. Es en este punto donde me permito discrepar.

El núcleo de la virtualidad de la Ciencia Económica, y su responsabilidad, está en convencerse y aplicar consecuentemente tal convicción, de que los fenómenos económicos rara vez son de suma cero. Lo habitual es que sean de suma positiva o también, y en esto radica el riesgo de una política equivocada, de suma negativa. Una acción será de suma positiva cuando todos ganan o, al menos, lo que ganan los que ganan es mayor que lo que pierden los que pierden. De suma negativa cuando todos pierden, o también si lo que se gana no alcanza lo que se pierde.

Mucho me temo que la visión de la política económica con resultados de suma cero está en la filosofía de muchos diseños generales y concretos de los Presupuestos de estos años, en determinadas presiones de los agentes socioeconómicos y en muchas de las acciones reflejas de nuestra vida cotidiana. Actitudes de este tipo se contienen, por ejemplo, en la mayoría de las negociaciones de los convenios colectivos; en el simple hecho de sacar a relucir una insinuación sobre la conveniencia de una “ley de hierro” para los beneficios; en la obsesión empresarial en el perjuicio de las subidas salariales sin tener en cuenta la productividad individual; en la dicotomía, falsa, tantas veces planteada en estos años, entre los llamados gastos sociales y los gastos de inversión (como si los gastos de inversión no fuesen sociales o como si los sociales, bien orientados, no se pudiesen considerar como de inversión en capital humano); En los intentos de forzar una redistribución regional por decreto; en la polémica general sobre si el sector público debe ampliar o reducir su protagonismo en la vida económica; … etc.

Continua vigente en estos diseños, pese a ser una interpretación ya trasnochada, la antinomia radical empresario-trabajador, rico-pobre, bueno-malo, amigo-enemigo, nacional-extranjero. Se supone que lo que gana uno necesariamente lo pierde el otro.

La realidad y experiencia económica, por el contrario, indican que los intereses son comunes a ambos en la mayoría de las ocasiones. La idónea política está en ser capaces de generar sinergias económicas positivas y evitar las negativas. Se hace necesario sustituir, en definitiva, la concepción darwiniana de la competencia (según la cual la supervivencia de unos conlleva la desaparición de otros), por una visión más acorde con la realidad, en la que la competencia se configura como un sistema de colaboración dinámica que beneficia a todos los participantes en el proceso. Creo sinceramente que se han perdido muchas energías en decidir quienes eran los culpables y en discutir si eran galgos o podencos. Confío en que se sepa reaccionar a tiempo y la economía española no termine como la fábula indicada.

Los comentarios anteriores indican la conveniencia de recordar, para terminar, aquella profunda y desafiante afirmación de Shackle: “El futuro no se descubre, se ha de crear”. Si la actitud del Gobierno, y del resto de los agentes económicos, es la de dejarse llevar confiados en el error determinista de que el simple paso del tiempo mejora la situación anterior, podemos alcanzar un punto de difícil retorno. Cuanto más se tarde en salir de la espiral negativa en que estamos inmersos, más doloroso será el abandono de tales tendencias inerciales para empezar a caminar por la senda de las sinergias positivas. Todos saldremos ganando si cambiamos la orientación general… y no habrá vencedores ni vencidos.

Jose Juan Franch