ECONOMÍA A VUELAPLUMA – Economics in scribbles

ECONOMÍA A VUELAPLUMA

Audio en castellano-español del autor: José Juan Franch Menéu

La Economía tiene que encontrar el sitio que le corresponde entre las ciencias humanas. No conviene encerrarnos en nuestro mundo especializado y muchas veces incomprensible. Por eso pienso que la Economía no tiene por qué estar reñida con la Literatura. Tampoco tiene por qué estar enfrentada con la Historia, la Psicología, la Política,  el Derecho, la Etica o la Filosofía.

Veamos un ejemplo en  la  siguiente  cita  de un cuento de  Jorge Luis Borges.  Escribe  en  “El Zahir”:“Dijo Tennyson que si pudiéramos  comprender  una sola  flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo.  Tal vez quiso decir  que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita  concatenación de  efectos y causas.  Tal vez quiso decir que el mundo visible se  da entero en  cada representación, de igual manera que la voluntad, según Schopenhauer, se da entera en cada  sujeto.  Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmo,  un  simbólico  espejo  del  universo; todo  según Tennyson, lo sería.”

No he encontrado mejor descripción de la interdependencia, complementariedad y coordinación universal de todo el mundo físico y espiritual, pasado, presente y futuro en que se basa la imposibilidad de control y comprensión humana plena de la Economía. Me atrevería a decir que somos, cada uno, una eternidad que camina despistada por los caminos del hoy cotidiano sin calar en la profunda significación de cada insignificancia. Esos billones de acciones personales diarias son totalmente incognoscibles e incontrolables. Coloquialmente podíamos decir que un estornudo a destiempo de hace dos siglos cambió el rumbo de toda la historia universal futura. En Economía todo es interdependiente.

Por eso, en esta introducción, prefiero no hablar directamente de Economía, dejar a un lado el pragmatismo económico tan extendido y resaltar la conveniencia y la importancia que tienen para el crecimiento personal, la lectura y la escritura habitual. El escribir, a tiempo y a destiempo, permite desarrollar y potenciar a la vez tanto la actividad docente como la difusión de la actividad investigadora. Quizás por mi fondo optimista confío en la bondad de la difusión y transparencia masiva de las intuiciones y descubrimientos personales aunque desaparezcan de inmediato los posibles beneficios monetarios de la propiedad intelectual.

Escribiendo se consigue grabar en papel y lanzar al voleo de la comunicación una reflexión personal que puede permanecer viva en la corriente humana de la historia. Escribiendo se intenta eternizar un instante creativo, una inspiración triste, alegre o vibrante y una luz efímera del mundo de las ideas. Es un privilegio reservado sólo a la especie humana. Se escribe poco porque se lee poco y se lee poco porque se escribe todavía menos. Hay que animarse, atreverse, a escribir. Aunque sepamos que sólo lo leerán nuestros incondicionales, nuestros hijos y quizás, lo dudo, los hijos de nuestros hijos. Posiblemente muchas veces sólo nosotros leeremos esas tonterías, pero, aún así, vale la pena. Lo escrito ordena el pensamiento desordenado e incluso caótico y,  a su vez, introduce un sano desorden en nuestras manías y obsesiones rígidas.

Esos instantes luminosos pero efímeros pueden aparecer en las más dispares circunstancias: en el comentario de un taxista o de un compañero de viaje en un tren de cercanías; al captar al vuelo un comentario político, económico o cultural haciendo un zapeo improvisado y repentino en el dial de la radio o en la televisión; al ojear con prisa o quizás reposadamente las páginas  de opinión en un diario matutino o los comentarios a pie de página de un tratado de Economía; al recordar la crítica brillante de un alumno adelantado o el comentario zoquete de un profesor de alta alcurnia; en la confusión personal por el ridículo ante una pregunta fácil que muchas veces no supe contestar o en la silenciosa excitación que produce descubrir algo que, equivocadamente, creía que era novedoso e importante; en un embelesamiento matrimonial o tras la reflexión conciliadora después de un enfado con ella; en una crítica seria pero impertinente hecha por un mequetrefe de siete años o en un comentario casual del Premio Príncipe de Asturias… o a raíz, como así sucedió tristemente y por eso le dedico el último artículo, del fallecimiento de un ser tan querido como el padre.

Toda miscelánea es como un serpentín de chispazos intelectuales que aparecen en las más variadas circunstancias. Confío que entre tanta ceniza estéril pueda el lector encontrar en estos artículos algún chispazo monocolor del majestuoso resplandor inabarcable de la serena verdad multicolor.

No sé si leyendo y  escribiendo conseguiremos aumentar la libertad institucional, pero estoy seguro que a través de la cultura, la educación, la formación y la ética conseguiremos mayor libertad personal y mejor capacidad de autodeterminación flexible. Ganaremos así en flexibilidad, tolerancia y amor a la sabiduría y a la verdad siempre nueva.

Hecha esta introducción tengo que hacer una confesión: estoy seguro que todo lo aquí escrito es copia, nada es original. Aunque tengo la concepción abierta de la propiedad intelectual que tiene Leonardo Polo según la cual la idea no es sólo de quien la descubre sino de todo aquél que es capaz de comprenderla, procuro siempre en mis escritos citar y dar pistas sobre quién me inspiró esto o aquello. Pero no puedo citar al taxista o  al fontanero; a quien estornudó a destiempo hace dos siglos o al vecino del quinto; a quien inspiró un pensamiento a Carlos Marx o los que lo hicieron a Smith, Ricardo, Marshall o Menger. No puedo citar a todos. Me es imposible reseñar en unas cuantas páginas a quien redactó una noticia que leí en una esquina o al cámara que se fijó en un plano interesante del político de turno o al desconocido que seleccionó las noticias de un telediario. Repito: nada es original. Por eso ruego que todos se tengan por citados. Como estoy convencido que todo lo que escribo  es copia tampoco reclamaré derechos de autor  en mi caso. Personalmente prefiero que me copien. Aunque con una condición fácilmente alcanzable: que la copia mejore siempre el original en una cadena expansiva sin final.

Sin embargo también conviene decir que todo es nuevo y distinto si consideramos el tiempo y el espacio concreto de cada bombilla humana viviente que se ilumina con una idea y con diferente intensidad en cada momento especial de la vida. Como dijo Gilson “Ninguna relación inteligible entre dos términos pertenece para siempre al pasado;  cada vez que se la comprende, está en el presente.” Para subrayar lo que intento ahora explicar vienen a mi memoria unos versos del poema “East Coker” de Eliot:

                  Dices que estoy repitiendo

                  algo que he dicho antes.

                  Lo volveré a decir.

                 ¿Lo volveré a decir?

Puede usted adivinar leyendo estas letras lo que yo pensaba hace unos días, exactamente el 24 de Enero de 1994 a las 19 horas y seis minutos, cuando estaba gestando y escribiendo estas palabras. Pero lo que yo no sé es lo que le sugerirán a usted esas mismas letras  ni tampoco puede saber usted ahora lo que pienso yo en estos momentos y en qué dirección. Todo es nuevo y nada parece viejo. Pero a su vez todo es viejo y nada parece nuevo. Incluso sobre la  Economía de la que tanto se habla, no sé si por suerte o por desgracia, desde hace más de dos siglos.

Pero no todo es azar, desorden y caos. Hay un duende universal que planea sobre izquierdas y derechas; sobre modelos o teorías económicas; sobre ideologías científicas o políticas; sobre sexos, razas, edades y procedencias; atrayendo hacia sus principios mágicos a todo aquel que lo vislumbra en su solitaria intimidad. Con mi mentalidad económica profesional quisiera convertirme, a tientas y sin más pretensiones, en vocero cotidiano y tozudo de ese duende universal que atrae hacia su verdad los desarrollos de las diferentes ciencias humanas.

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El contenido de estos artículos se publicaron en distintos periódicos de información y de información económica especializada, fundamentalmente Diario 16, ya desaparecido, Gaceta de los Negocios y Mediterráneo por orden cronológico inverso, salvo el último por razones obvias ya que es el dedicado a mi padre. También se incluyen y distintas comunicaciones y ponencias en algunos congresos y que son de lectura más especializada.

Quiero dar las gracias a todos los que confiaron en la viabilidad de este proyecto editorial de Misceláneas personales. También a todos los responsables de opinión de los medios en los que he publicado por tener el atrevimiento, y cometer la insensatez, de publicarlos. También a mi hijo José Juan que ordenó eficazmente todo el desorden informatizado; a Rocío como siempre, y a los innumerables que, como dije antes, debería haber citado. Y gracias en definitiva a quien, desde el principio y con potencia inusitada, infundió un soplo de espíritu y vida en los entresijos más profundos de la materia. Gracias a todos.

José Juan Franch Menéu     Economía a vuelapluma

INGLÉS:

Economics in scribbles

Economics has to find the place that corresponds it amidst the social sciences. It doesn’t serve experts to lock themselves away in their highly specialised worlds without explaining their complex thinking. This is why I believe that economics doesn’t necessarily have to be incompatible with literature, or at odds with history, psychology, politics, law, ethics or philosophy.

There is no better way to exemplify this than through an extract by Jorge Luis Borges in his narrative The Zahir: ‘Tennyson said that if we could understand a single flower, we’d know who we are and that which is the world around us. Maybe he wanted to say, that there is no act, however humble, which does not involve the history of the universe and its infinite intricacies of cause and effect. Maybe he wanted to say that the real world manifests itself in every act, the same way that resolve, according to Schopenhauer, manifests in each individual. The Kabbalists understood that every man is a microcosm, a symbolic mirror of the world; according to Tennyson, man would be all that.’

I have yet to find a better description of the interplay between the physical and spiritual world – past, present and future – that takes account of the interdependent, complementary and universally coordinated characteristics that Borges mentions. It so ably describes men’s impossible feat to obtain control and understanding of the economics that surround him. I’d dare to state that every one of us constitutes an eternity living cluelessly day in – day out, without recognising the profound impact of every insignificant act that happens in our lives. These many daily occurrences are entirely unknowable and incontrollable. We could even allege that an inopportune cough more than two centuries ago, has had the power to change the course of universal history because in economics, everything is connected.

Given my views of where economics fits within the bigger picture and for the purpose of this introduction, I prefer to focus rather on the importance of reading and habitual writing as part of personal growth. Writing, both when opportune and when less so, allows for the simultaneous development and leveraging of the individual’s teaching and research practices, with the ultimate purpose of disseminating that knowledge. Perhaps given my optimistic disposition, I trust in the kindness of such wide distribution and transmission of my personal opinions and discoveries, acknowledging full well that any monetary value derived from intellectual property rights disappear immediately as a result.

When writing you achieve a record on paper and cast out a personal thought into the world, which can survive as part of human history. In writing you attempt to make a moment of creativity, a sad, happy or vibrant inspirational thought last forever. It is a privilege reserved for the human race. Little is written because less is read and less is read because even less is written. One must encourage oneself, dare oneself to write. Despite knowing that perhaps only our most devoted followers, our children, or even more uncertain still, our children’s children may read it. It is quite likely that it’s only us reading our own silliness, but even so, it is worth the effort. The written word gives structure to the disorderly and chaotic thoughts and at the same time, introduces a healthy mess into our rigid obsessions and individual craziness.

These brilliant but fleeting moments can appear in the most diverse circumstances: in the commentary of a taxi driver or a fellow train rider; while catching a comment about politics, economics or culture in passing as you change a radio or TV channel; while glancing quickly at the pages of a morning newspaper or seeing the footnotes at the bottom of a business extract; while remembering the brilliant thoughts of an eager student or the doltish comments of a high-ranking professor; they can happen in the personal confusion resulting from ridicule in the face of a simple question, questions I’ve often not known how to answer; or the silent excitement that comes from discovering something, which I’ve erroneously thought was something new and important; they occur during a matrimonial embellishment or following conciliatory deliberation after a fight; in the serious but impertinent critique of a seven year-old busybody or in the casual comments made by the Prince of Asturias Prize committee… or as a consequence of losing one’s beloved father, which has sadly occurred to me recently, and which makes me dedicate this last entry to him.

Every little occurrence can take the form of a winding coil throwing intellectual sparks that appear in the most varied circumstances. I trust that among these articles the reader will find the same kind of intellectual sparks that draw him towards a many-facetted truth.

I’m not sure whether by reading or writing we’ll achieve to increase institutional freedom, but I’m sure that through cultural awareness, education, formal job training and ethical understanding we will achieve greater personal freedom and an improved capacity for self-determination. We’ll win, in this way, in flexibility, tolerance and love for wisdom and new truth.

With this introduction drawing to a close, I have a confession to make: I am sure that everything that appears in this blog is a copy of someone’s thoughts and that nothing is truly original. I believe in an open approach to intellectual property, similar to that of Leonardo Polo, who affirms that an original idea belongs to all those that are capable of understanding it and not just those that discover it. As a consequence, in my writings I will always try to reference who inspired me. However, I cannot reference the taxi driver or the plumber; or he who inopportunely coughed about two centuries ago; or the neighbour on the fifth floor; or even he who inspired the thoughts of Karl Marx, Smith, Ricardo, Marshall or Menger. I cannot reference everyone. It is impossible for me to write up, in only a few pages, who might have written a news item about the politician currently in power or the unknown individual who selected today’s daily news that interested me and which I read on a street corner or in a chamber. I repeat: nothing is original. Hence I ask everyone to consider themselves ‘referenced’. Since I’m convinced that everything written here is a copy, I myself, won’t claim author rights either. Personally, I prefer that they copy me, with a simple condition: that what is copied is made progressively better as it is expanded upon.

Nonetheless it should be said that everything is new and different if we consider a concrete time and space for every human idea born. According to Gilson: ‘No relationship between two words that can be understood, ever belong to the past; each time their relationship is understood by a reader, they become situated once again in the present.’ To underline what I’m keen to explain, I refer to a few lines from the poem East Coker by Eliot:

            You say I am repeating

Something I’ve said before

I will say it again

I will say it again?

Can you guess what I was thinking a few days ago on the 24 of January 1994 at 7.06pm, when I was writing this introduction?  I cannot know what these words may suggest to you, nor are you able to know what I’m thinking in this moment. Everything is new and nothing appears old. Nonetheless, in its own way, everything is old and nothing appears new. Even with economics, of which so many people speak, I won’t ever know – and that may be good or bad luck.

However, not everything is coincidence, confusion or chaos. There is a universal elf which plans for lefts and rights; for economic models and theories; for scientific or political ideologies, for gender, race, age and origin; attracting through its magic principles all those that can discern them. With my professional and economic mind set, I would like to become, without hesitation or pretensions, a wilful spokesperson for this elf, attracting towards myself the truth of the many different developments of the social sciences.

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The content of these articles has been chronologically published in different magazines, whereas the economic information has primarily been published in Diario 16, which has since ceased, Gaceta de los Negocios and Mediterráneo. The last entry, for obvious reasons, as it is a dedication to my father, is unpublished. My blog also includes a range of articles and presentations from a number of conferences, which are considered more specialised reading.

I would like to thank everyone that has trusted in the validity of this editorial project and all those editors that have helped me publish with them. I would also like to thank my son, José Juan, who has so effectively brought order into the information accumulated; Rocío, as always, and those numerous individuals, which I should have referenced. My final ‘thank you’ goes to He, who from the beginning has infused a breath of spirit and life into the intricacies of matter. Thank you all.

José Juan Franch Menéu     Economics in scribbles